Esta y muchas otras notas puedes consultar en: trancapechoboliviano.blogspot.com.· Puka capas: empanadas cumbre del sabor criollo
En Cala Cala.-
En
En la calle Lanza.- Wistu Piku es hoy una cadena de las puka capas más antiguas del país. El origen del nombre se remonta a los días posteriores a la guerra del Chaco, cuando, según dicen, un joven defensor del petróleo retornó con una afección en los nervios del rostro que le provocó una herida. La boca se le torció a un lado pero este joven pionero de la repostería criolla no se inmutó. En mis años de infancia, la cortesía criolla mandaba recibir a los huéspedes del interior en el Wistu Piku, con un par de buenas puka capas que había que disputarse en un tumulto cada vez que salía un balay lleno de estas delicias, y se remataba con un doble de chicha. Esa era la cita criolla de aquellos días.
Hoy Wistu Piku se abre en varios puntos de la ciudad y del país: el más reciente es el local del Prado, primera cuadra, al lado de Buenos Aires Coffee.
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Para chuparse los dedos...
· Empanadas bolivianas: piñatas del sabor criollo
Las salteñas son un invento muy ingenioso: son como hornitos de barro en los cuales se calienta un misterio para buenos paladares. Abrirlas es como romper una piñata. Sus paredes de masa especial deben ser finas y duras para que el jigote revele todos sus secretos. Se llaman equívocamente salteñas porque, así como las conocemos, son un invento nacional. Dicen que nacieron en Potosí, pero las salteñas cochabambinas son inconfundibles. En realidad deberían llamarse empanadas bolivianas.
En El Prado.- Orti’s ha ganado varios premios de
Las salteñas Los Castores, de mi buen amigo Cristóbal Andrew, son preferidas por los jóvenes. Se sirven en la esquina del Prado y Oruro.
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Cada semana llegan al menos 50
Dramática la situación de los bolivianos en Bérgamo
Rodolfo Faggioni
Es periodista boliviano. Actualmente vive y trabaja en
Italia como corresponsal de medios de comunicación latinoamericanos. Desde 1975
es miembro de
Rodolfo Faggioni
Bérgamo, Italia ? En la ciudad de Bérgamo (115.000 habitantes), situada en
el noreste de Italia, los bolivianos con residencia y regular permiso de
trabajo son 1.365, mientras que los «indocumentados» superan los 15.000, casi
todos de Cochabamba. Ultimamente están llegando también de La Paz , Sucre y Oruro. Es un
fenómeno único en Italia, tanto es cierto que ha sido definido un ?caso
nacional?.
El matutino de la ciudad: "L'ECO DI
BERGAMO" ha podido constatar en una encuesta, la triste realidad de los
"emigrantes clandestinos bolivianos". Un crecimiento silencioso que
en cinco años se ha multiplicado por 10, cada semana llegan almenos 50. Es un
fenómeno que se nota caminando por el centro de la ciudad, donde se encuentran
solamente bolivianos, mejor dicho cochabambinos, porque una buena parte de
Cochabamba se ha transferido a Bérgamo.
El motivo que hayan escogido Italia para
emigrar es muy simple. No es necesario tener un visado consular, como para los
otros sudamericanos, es suficiente un pasaporte válido para obtener
automáticamente el ingreso como turista por tres meses, demostrando la
disponibilidad de dinero (100 ? al día), y la reserva de hoteles, gracias
a un convenio bilateral de desvisado suscrito hace diez años atrás. Una vez que
el "turista" boliviano llega a Italia, no regresa a su país y entra
en la clandestinidad, alimentando situaciones de "border line" desde
el punto de vista del orden público, de salud, de ocupación, de la tutela de
los menores y de la familia. Pero la tragedia empieza en Bolivia.
Funcionarios corrompidos expiden pasaportes al precio de 200 ? si uno lo
necesita con urgencia.
Ultimamente se han expedido en Cochabamba 300
pasaportes en un mes. Luego algunas Agencias de Viaje, en particular de
Cochabamba, ofrecen la "bolsa del viajero" o el « viaje del
peregrino » que comprende el pasaje en avión, (ida y vuelta), el alojamiento
en hoteles con «voucher» y la garantia de un trabajo. Todo esto puede costar
entre los 3.000 y los 4.000 ?. Un boliviano para poder reunir esa suma se
endeuda al punto de hipotecar todo lo que posee.
Apenas llegado en Bérgamo, no encuentra los
hoteles porque los "voucher" tienen la fecha antecedente al viaje y
no encuentra tampoco el trabajo prometido. La agencia sabe que el boliviano no
utilizará el pasaje de regreso, y lo anula recibiendo el correspectivo del
vuelo. A este punto se dirigen a algunos "compatriotas" residentes
desde mucho tiempo en la ciudad italiana. Empieza la "solidaridad
pagada". Comienzan alquilándoles un colchón a 150 ? 300 ? al mes, más luz
y gas y "ofreciéndoles" trabajo. Naturalmente un trabajo sin ningún
contrato ni asistencia social porque es un trabajo "clandestino" y el
"amigo boliviano" que le ha conseguido "el trabajo"
pretende un porcentaje sobre lo que gana el "clandestino".
Existen también las "horas
prestadas", sobretodo mujeres que trabajan como domésticas o asistiéndo a
enfermos o ancianos, que prestan horas de trabajo haciéndose pagar por el
préstamo.
En la iglesia de Santa Rosa de Lima la
"parroquia de los bolivianos", Padre Mario Marossi que conoce muy
bien la situación boliviana por haber trabajado durante siete años como misionero
en
Para poder frenar este flujo migratorio, se
está creando un « puente » entre Bérgamo y Cochabamba en colaboración
con
En Bérgamo no hay un Consulado Boliviano no
obstante varias organizaciones religiosas y laicas que están en directo
contacto con nuestros compatriotas lo hayan solicitado al gobierno de
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VALLE INCLÁN Y EL INDIO BOLIVIANO
Esta es una historia curiosa. Resulta que encontré entre mis
libros una revista de 1932 (número único) editada por
Por supuesto que ¡Nos vemos!, la versión de 1927, es la auténtica, pero resulta muy interesante conjeturar quién fue el editor boliviano que tuvo la ocurrencia de publicar ¡…Adiós!, sustituyendo aquellos versos que decían “indio mexicano” y escribir “indio boliviano”. En el índice aparece Carlos Medinaceli. ¿Habrá sido él el autor de esta histórica sustitución?
Intercambiamos con Antonio Espejo páginas de las dos versiones. La versión de 1927 le fue proporcionada por un amigo venezolano. Las páginas de 1932 están en mi poder.
CARTA DE ANTONIO ESPEJO TRENAS
Ante todo, le agradezco enormemente su respuesta y el generoso envío
del material que le solicité. Sólo se me ocurre remitirle, de vuelta
con estas palabras, una imagen con la reproducción de otra versión del
poema que yo mismo hallé en la prensa de Venezuela del año 1927 durante
una investigación reciente (en Cultura Venezolana).
Curiosamente, esta semana he recibido en casa el último tomo de la
biografía del profesor Juan Antonio Hormigón, donde menciona el
contacto que estableció con usted el año pasado para contrastar su gran
hallazgo. Más allá de la mixtificación del poema (por lo que usted
dice, se debió con seguridad a los autores del número), este
acontecimiento demuestra el gran prestigio de don Ramón del
Valle-Inclán en los círculos revolucionarios e intelectuales
latinoamericanos, así como su decidido compromiso por los valores
antifascistas y anticapitalistas que presidieron sus últimos años.
No
es extraño, pues, que siga siendo un referente hoy en día para el
imaginario revolucionario americano (el propio subcomandante Marcos se
declaró hace poco un lector empedernido de Tirano Banderas), al igual que esa afinidad con el programa del presidente Morales.
Reciba, con todo, un cordial saludo y mi eterno agradecimiento.
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Ver: http://www.alucinaciones.blogspot.com/, de Sergio Molina Monasterios, hoy residente en Chile, para quien va un saludo muy cariñoso. La nota que sigue la tomé de este blog. Pero el hombre de la foto no es don Casimiro Sejas.Albañil boliviano es declarado patrimonio histórico de Buenos Aires
Dpa.-
El albañil boliviano Casimiro Sejas López será declarado hoy Patrimonio
Cultural Viviente de la ciudad de Buenos Aires, por decisión del
gobierno de la capital argentina.
La distinción es consecuencia de
que Sejas López ha sido "artífice en la recuperación de muchos
inmuebles públicos y privados, entre ellos la casa de Carlos Gardel",
el cantor de tangos que murió en 1935 y aún es uno de los máximos
ídolos de la canción popular.
Sejas nació en la villa Germán Busch,
Cochabamba, en 1941, y es hijo de un albañil, de quien aprendió el
oficio. Con medio siglo de residencia en Argentina, el maestro de la
yesería confesó que desea regresar a Bolivia para transmitir sus
conocimientos.
En la actualidad, con 66 años de edad, Sejas López es
profesor de yesería en la Escuela Taller del Casco Histórico,
dependiente del gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Tiene 200
alumnos y "unos 500 en lista de espera", según informó la embajada de
Bolivia, en Argentina.
La escuela taller de Sejas participa en
restauraciones de inmuebles famosos. Sus alumnos aprenden varios
oficios para evitar el desmoronamiento del patrimonio arquitectónico de
la capital federal argentina.
"El profesor no da clases sentado sino
trabajando al lado de sus alumnos", dijo la alumna Paula Lanza. El
ministro consejero de la embajada, Sixto Valdez, aseguró que el acto
será un reconocimiento a todos los albañiles bolivianos que desde hace
más de medio siglo emigraron a la Argentina.
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Soy un periodista chileno. Mario Morales Esparza, y me tocó hace unos días vivir en carne propia esa experiencia que se cree propia de "países crueles o antodemocrático" y que me parecía increible que ocurriera en España, país al que regularmente vengo desde el año 1974 cuando trabajé como corresponsal de Televisión Francesa.
Estuve retenido hace 10 días junto a decenas de personas de diversas nacionalidades a quienes no se nos permitió cambiarnos de ropa ni hacer uso de nuestros efectos de aseo ya que se nos quitó todo antes de encarcelarnos.
Sin entrar a cuestionar si corresponde o no rechazar a turistas por la sola sospecha de que son posibles inmigrantes disfrazados, que es otra materia que se debería aclarar de una vez para evitar estos papelones. Esta vez quiero simplemente denunciar el procedimiento humillante a que somos sometidas, personas libres a quienes no se nos hizo previamente un juicio condenatorio y menos se nos había permitido el ingreso al país por lo que técnicamente no se nos podría cohartar nuestro derecho de movilidad.
Exactamente lo mismo que reclamó tantas veces contra Estados Unidos el presidente español, Rodríguez Zapatero refiriendose a Guantánamo, es decir, a retenido y encarcelados sin un juicio; en un hoyo negro jurídico en el universo en que las leyes y convenios internacionales no alcanzan.
Yo venía por visita de negocios, por 5 días. De nada sirvió que mostrara reserva de hotel y contratos de negocios. Me dejaron 3 horas esperando antes de trasladarme a las dependencias de la policía del aeropuerto. Se me pidió que firmara un documento en el que aceptaba que se le trasladara a un "hotel" para luego tener una audiencia con el jefe de migraciones quien decidiría su situación. Hasta allì todo me parecìa razonable. Pero resultó que el hotel era la carcel del aeropuerto, situada en el tercer pido de las dependencias policiales.
Antes de entrar a ella se nos quitó todo el equipaje de mano y hasta los móviles para evitar que tomaramos fotos, segùn explicaron. Luego se nos metió en la carcel, una sala de 3 por 2 metros abarrotada de gente de diversas nacionalidades, alguna de ellas sentadas en sillas de plástico con los respaldos rotos que intentaban calmar los llantos de sus hijos menores. Sobre una pared dos teléfonos públicos, uno de ellos que supuestamente recibía llamadas pero que jamás pasaba desocupado.
La máquina expedidora de tarjetas de llamadas estaba fuera de la celda, en el pasillo y solamente se podía adquirir cuando de tiempo en tiempo aparecía por la sala una asistente social cuya única misión era del de ir a cambiar monedas a los reclusos o bien comprarles tarjetas telefónicas.
La comida del mediodía consiste en carne mal cocida, algunas simplemente crudas, sin pasarlas por el microondas. Para los de la religión islámica nada. Vi arrojarle una bandeja en la cara a un marroquí jóven y elegantemente vestido a quien se le gritó que se comiera eso o nada luego de lo cual el marroquí no pudo contener los sollozos de impotencia.
Una señora uruguaya que estaba allí con sus 4 hijos menores, habían preparado por mas de un año este viaje de visita a su hermana, casada con español y radicada en Madrid. "Hemos hecho un gran esfuerzo en los pasajes y en la ropa para venir por unos días", decía esa señora quien no escondía su rabia al comentar que "Uruguay recibió a miles de españoles que llegaron buscando mejor suerte y hasta mi abuelo vino de Galicia y es un agradecido de nuestro país", decía. Pero su mayor indignación, decía, era el trato. "Ya de entrada, al verme junto a mis hijos, ese muchacho que recibió mi pasaporte se rió en mi cara y me preguntó de que granja venía". Es increible. En la noche, solo algunos afortunados durmieron en alguna de las 8 literas, dandose preferencia solidaria a las madres y los niños. Los demás sobre colchones tirados al suelo de la celda a los que se les dió espacio apilando sillas y mesas.
A nadie se le llama para la cita con el jefe de migraciones antes de las 30 horas o 48 horas de estar allí. Mientras estaba allí recordé que Naciones Unidas en su declaración universal de los Derechos Humanos en su punto 2 proclama el derecho a libertad sin importar raza,color, sexo, religión u origen social o económica. Y el artículo 5 en que se prohibe que se someta a una persona a trato degradante. En el Noveno en que dice que nadie puede ser retenido arbitrariamente o el artçiculo 13 en que señala que toda persona tiene el derecho de circular libremente y salir de cualquier país, etc etc. pero en ese limbo nada tenía validez.
Para colmo la cita no era con el jefe dfe migraciones como se nos habçia dicho. Simplemente era someterse a una serie de preguntas que le hacía un policía. Se le presenta a cada uno un abogada de oficio, quien permanece sentado nuestro lado sin abrir la boca. Si no pregunto quien era esa persona, no sabria que era MI abogado defensor. Todo es una farsa. Una burla de comienzo a fin. No dejan explicar nada y al terminar presentan un documento confeccionado al día anterior cuando ya lo habian condenado antes de escucharlo. Da lo mismo lo que uno diga porque no hay defensa, no hay alegatos ni hay un juez. Todos estan sentenciados de antemano y ese trámite se hace simplemente para jusficar una farsa. Los documentos de rechazo son impresos confeccionados por miles al que agregan los datos personales de cada uno y a mano se le pone en ese momento la hora y la fecha. Lo mas irónico es que inmediatamente luego de la audiencia, le obligan a apurarse a buscar su equipaje de mano porque coincidentemente el avión de regreso a su país esta a punto de salir; reserva y preparativo que lógicamente se había ya hecho el día anterior.
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Distintas clases de "plumas cucharita" o "plumillas", que hasta fines de los 50 seguíamos usando en la escuela.
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BUENA LECHE
Historia del lápiz y la pluma de escribir
Me parece injusto que yo, mísero mortal, escriba en este teclado tan fino mientras el Profeta escribió el Corán en omoplatos de carnero y Dante tomó apuntes para
Hace un par de días la prensa publicó una crónica sobre un manuscrito de miles de años, que es el más pesado, grande y voluminoso, y sus páginas, que son pergaminos, sumaron las pieles de 175 bueyes.
Un capítulo todavía vigente de esta leyenda es la historia del lápiz. Poetas como el cubano José Lezama Lima se deleitaban escuchando, en el silencio de trasnoche, el rasguido leve del lápiz en el papel donde escribían sus poemas. El inventor del lápiz era francés y se llamaba Jacques Conté. Lo fabricaba usando una mezcla de grafito, polvo, greda y arcilla. Se comprimía la mezcla en varillas delgadas, llamadas minas, y se las hacía calzar en ranuras talladas en una madera. Una vez calzadas, se buscaba otra mitad de madera para juntarla a la anterior, aprisionando la mina del lápiz, procedimiento que se usa hasta hoy, pero ya no a mano sino en máquinas sofisticadas. Las minas de lápiz tienen secretos muy bien guardados, que son el orgullo de grandes fábricas como Swan o Faber Castell.
Se dice que este invento precedió en un siglo a la pluma de ganso. Las plumas de ganso debían tener en la punta un corte cuidadoso al sesgo hecho con una pequeña navaja que hasta hoy se llama “cortaplumas”. En las cancillerías había expertos en cortar plumas, y su misión era aprontar cientos de éstas para uso de los amanuenses de turno, que al mismo tiempo eran calígrafos.
La pluma de acero –la “pluma cucharita”, de la cual habla con nostalgia Julio Cortázar--, ya fueron conocidas por los , que las fabricaban de bronce y cobre, y aunque eran de mayor duración que las plumas de caña, no tenían su elasticidad, por lo que en
Parece ser que la plumilla fue inventada en el siglo XVIII por un mecánico francés llamado Arvaux, aunque otros atribuyen el invento a Luis Senefelder nacido en Praga en 1772 y muerto en Munich en 1834 inventor de la litografía, fue el que tomo esta iniciativa, con objeto de escribir en la piedra litográfica. Construyo una plumilla, de un fragmento de una cuerda de reloj (lamina o fleje de acero estrecha de unos 5 m/m enrollada en espiral) cortado en ángulo recto cilindrado luego y separada la punta en forma de gavilanes (gavilanes, cualquiera de los dos lados de la punta de escritura de la plumilla de escribir)
Hay una cantidad muy grande de marcas y modelos, hay un tipo diferente para cada clase de escritura, o clase de letra, o dibujo y de muy diferentes anchos, incluso con puntas especiales para personas que usan la mano izquierda para escribir.
Posteriormente la maquinaria hizo grandes progresos y se construyeron maquinas para el corte exacto y seguro de las plumas, con lo cual se economizó a los escribientes una gran parte de su trabajo.
La maquinaria siguió prosperando y en 1808 Bürger de Königeberg tuvo la feliz idea cortar en pequeños fragmentos el cálamo de la pluma de ganso, dando a cada uno de estos fragmentos la forma puntiaguda de la pluma, adaptándolos a sendos mangos o palilleros. Mas tarde tuvo también la feliz idea de hacer plumillas de acero, pero su invento no cuajo, hasta que en 1830 se empezó en Inglaterra la elaboración de las plumillas metálicas de acero generalizándose su uso en la segunda mitad del siglo.
Más tarde los fabricantes ingleses, tomando por modelo la de Senefelder, construyeron las primeras plumillas de acero en serie.No obstante estas plumillas, resultaban muy costosas y por otra parte, no daban tampoco completa satisfacción por duras y falta de flexibilidad.
En 1820 el ingles Joseph Guillott empezó la fabricación de estas clase de plumillas de acero empleando ya sistemas y maquinas de cortar, marcar, combar y pulimentar más modernas, semi automáticas con lo cual se mejoró notablemente la calidad y sobre todo abaratando mucho el coste de las plumillas. Con el conocimiento de estos progresos, hicieron en otros países gran numero de pruebas y trabajos, los cuales condujeron paulatinamente a la construcción de las plumillas de acero.F. Soennecker, industrial alemán nacido en 1842, "Iserlohn" se dedico a la pluma de escribir y toda clase de objetos y útiles para la escritura. En 1875 construyó una fabrica, que más tarde ampliaría y seria una de las más importantes de su genero. Fue también escritor, dedicado a asuntos relacionados con la escritura y la caligrafía a la que dedico toda su vida. A su muerte en 1910, le sucedió su hijo Alfred que aumentó la producción, e introdujo nuevos productos, y la empresa adquirió mucha más importancia. (www.plumasmetalicas.com).
En 1826, un inventor llamado Masson diseñó una máquina muy ingeniosa. Las plumas de ganso habían sido utilizadas durante dos mil años. Las plumas-cucharita tuvieron vigencia hasta la invención de la “plumafuente”.
Los de mi generación usamos todavía en la escuela estas plumas, con las cuales trazábamos rasgos finos y gruesos, llamados “caligrafía inglesa”. Debíamos ir al colegio con un canuto para calzar las plumas y dos colores de tinta: roja y azul, con los consiguientes estragos que provocaba el tintero caído en nuestros cuadernos y nuestros mandiles blancos.
Mientras estuve en
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Queridísim@s compatriotas:
Don Atilio de Sucre Rodo es el tataranieto de Antonio José de Sucre, el fundador de la República. Lo interesante es que reside en Punata, casado con doña Nelly Montaño, y muy conocido por los bravos punateños y punateñas. Lo he vistado varias veces, nos hemos tomado unas chichitas, hemos compartido a la mesa, lo he conectado con el canal Telesur, de Venezuela, que le hizo una linda entrevista, y puedo decir que lleva muy bien sus 80 y más años.
Eso me encantaría hacer con los abuelos, papás, mamás, hermanos, hermanas, hijos, hijas, sobrinos, sobrinas, parientes y amigos de ustedes, compatriotas, que viven lejos de la Patria.
Quiero que me cuenten sus vidas, las cosas hermosas que conocieron en otros países, sus alegrías y sus penas, sus testimonios de vida, para publicarlos en este espacio común que quisiera fuera como La Cancha, un lugar de todos, por todos y para todos. No se olviden escribir!!!!!
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"El ovillo de la memoria,"
o el archivo del siglo XIX en la última novela de Ramón Rocha Monroy
Hay una desmesurada intención en esta novela. Algo así como el intento de
Pierre Menard de reescribir El Quijote, o la delirante vigilia en la que cada
día Funes el memorioso ordena cada uno de sus recuerdos. Hay un deseo de
abarcar toda una vida y, palmo a palmo, repetirla en todos sus detalles. Y es
en la obsesiva fidelidad a los detalles históricos donde esta novela logra
construir una imagen intensa de la figura de Antonio José de Sucre, Mariscal de
Ayacucho y fundador de
"Si el dinero es el nervio de la guerra,
bien pudiera añadirse que las cuentas son el nervio de la verdad
histórica" (Gabriel René Moreno, citado en Oporto Ordoñez 203)
Al igual que el Pierre Menard de Borges, el
narrador de la novela de Ramón Rocha Monroy se embarca en una tarea imposible,
por inacabable. Repetir los detalles de una existencia, sumergirse en el rio de
la memoria para fijar las imágenes del pasado y coleccionarlas en la intensa
contemplación del presente, tal es la tarea que se trazó el narrador de ¡Qué
sólos se quedan los muertos! Pero al contrario de Borges, que condena de
antemano al fracaso el proyecto literario de Menard o el sistema mnemotécnico
de Funes, el narrador de Rocha Monroy jubilosamente empieza una tarea que
intuye imposible pero que considera necesaria.
La plegaria que encabeza la novela y que
convoca al espíritu de Antonio José es la expresión de una fe atea en la
perpetuidad del instante y de la memoria. Dice la oración en su parte final:
"Vigilia sin Dios, sin más allá de este presente sin hoy, de este viaje
inmóvil a la nada, de esta sucesión de ecos y espejos que recogen imágenes de
espectros." Esa fe es la que mueve al narrador a rescatar la memoria de
Antonio José.
La narración comienza con la ceremonia que,
exactamente 70 años después de su muerte por asesinato en Berruecos el 4 de
junio de 1830, viene a quebrar el silencio que había cubierto la memoria de
Antonio José de Sucre. Para entonces ya habían muerto la viuda, Mariana
Carcelén, el edecán Caicedo, y probablemente no sobrevivía ningún veterano de
las guerras por la independencia. El narrador empieza a deshacer el ovillo de
la memoria intercalando su narración con la voz de Mariana. Después del
asesinato la viuda había mandado traer el cuerpo de su marido en secreto a
Quito y lo depositó en una cripta de iglesia. Allí acudía a decir oraciones que
"se convertían en confidencias pronunciadas casi para sí misma" pero
que poco a poco se transformaron en un diálogo, en un coversatorio a tres
voces, cuando se une a Mariana el edecán Caicedo y la voz de ultratumba de
Sucre empieza a surgir entre los intersticios de la narración.
A partir de esta escena inicial en la cripta
donde la viuda Mariana Carcelén y el edecán Caicedo le susurran confidencias a
la tumba de Sucre, la narración progresa hacia atrás, evocando primero la
muerte en Berruecos, luego la historia sentimental entre Sucre y Mariana,
pasando por las campañas militares que llevaron a Sucre desde su natal Cumaná
al Alto Perú y, de ahí, de vuelta al momento de su asesinato en Berruecos.
El narrador conduce a estas voces aísladas a
encontrarse finalmente, más allá de la muerte. Lo que une a estas tres voces de
ultratumba es su obsesión con el pasado. Sin embargo, estas voces no dependen
de su sola memoria para rememorar el pasado. Curiosamente, los espíritus de
Sucre, Mariana y Caicedo necesitan de documentos, escritos, cartas, legajos,
expedientes, archivos, para recuperar su pasado. Así el narrador-historiador
usa como asistentes a los espectros de sus personajes y los manda al sótano de
El narrador es un punto de vista que observa la
realidad histórica desde su gabinete de investigador: "Uno que ha, no
digamos conocido al Libertador, pues aún siendo contemporáneo de él hubiese
sido innverosímil semejante privilegio, sino uno que ha fatigado biografías,
proclamas, escritos de su puño y letra, y husmeado en los documentos que, bien
o mal, se custodiaban en
Los tres espectros encarnan en sus voces los
distintos personajes que irán apareciendo en la narración. Poco a poco, la
campaña de Sucre en Perú y el Alto Perú empieza a a dibujarse a través de
recuerdos y documentos: Crespo, el ayudante boliviano de Sucre y sus historias
de la guerrilla de Ayopaya; los viajes interminable por el altiplano; el
maestro Simón Rodríguez en Tiawanaku; el infante don Tomasito Frías; el doctor
Olañeta; el Mariscal Andrés de Santa Cruz... Poco a poco va apareciendo la obra
del militar, estratega y estadista que, muy a su pesar, tuvo que conducir el
gobierno de la recién creada república boliviana. El espacio del sótano de la
casa azul donde están los archivos personales de Sucre es como un aleph que
contine la totalidad impoisble no sólo de la experiencia personal de Sucre,
sino de la experiencia colectiva que desembocó en la creación de Bolivia.
Apunta el narrador: "Preguntas, conjeturas, cavilaciones, risas; ecos y
espejos; frases sueltas e interpolaciones: todo eso fue conformando el ovillo
de la memoria cuya punta podríamos decir que uno la tomó en el sótano de
El narrador de esta novela actúa a veces como
un apuntador teatral soplándole las palabras al oído a sus personajes desde su
escondite subterráneo. Lo mismo hace con los documentos. Los obliga a hablar, o
los compulsa, como le hace decir el narrador a Sucre: "compulsar
documentos para probarles a Marianita y Caicedo que las cosas que decía no eran
inventos míos."
Y ¿por qué Sucre tiene que probarles a Mariana
y a su edecán que no se inventa nada? El lector no lo sabe, pero lo va
descubriendo página a página, a medida que se suceden batallas, estrategias,
desencuentros, derrotas y victorias. Sucre siente la necesidad de hurgar en el
pasado para descubrir el hilo del destino que lo llevó a la muerte y que le
impidió disfrutar de lo que tanto quería: una vida tranquila como padre de
familia productivo, alejado de la vida pública. Vamos descubriendo que Sucre
fue político y estadista a regañadientes.
Sin embargo, cuando le tocó tomar decisiones no
dudó en convertirse en el artífice del equilibrio geopolítico regional que
evitaría el posible enfrentamiento entre los ejércitos que venían del norte,
desde Colombia, y los del Rio de
Ahí está también Andrés de Santa Cruz, Mariscal
de Zepita, que le hizo la vida imposible a Sucre durante la guerra y cuya
habilidad como militar no sale bien parada de esta novela. No hay que olvidar a
una figura como la de José Miguel Lanza, patriota guerrillero que luchó
denodadamente hasta la victoria, pero cuyo comportamiento como hombre público,
según Sucre, dejaba mucho que desear. Ahí está el mismo Simón Bolivar, cuya
visión, demasiado abarcadora, de la geopolítica americana le impedía ver los
pequeños detalles que hacían a la política criolla.
Antonio José de Sucre aparece en esta novela
como el más candoroso y el menos caudillesco de los caudilllos militares del
siglo XIX boliviano, como el modelo de militar demócrata que tendrá poca
fortuna entre nosotros, al menos si hacemos casos a las historias que nos
presentan a Belzu y Melgarejo como el summum de la degradación política. A
partir de una narración que mezcla la cotidianidad con el dato estadístico y la
visión de conjunto, esta novela nos acerca de una manera creativa a la
gestación de una entidad socio-política que, aún a principios del siglo XXI,
está definiéndose. Aspectos como la formulación de las leyes y decretos
reformistas de Sucre, su apoyo a la prensa liberal, las intrigas de la política
chuquisaqueña, aparecen de manera órganica, enmarcadas en la narración
histórica que mezcla lo privado y lo público para darnos una perspectiva
panorámica y microscópica a la vez.
En fin, esta novela explora la intensísima
existencia de estos personajes, hombres y mujeres, enredados en los hilos de
sus propios recuerdos. Al final, la muerte, como ausencia de deseo, es el punto
desde donde los personajes de esta novela observan su propia existencia sin las
pasiones que los consumieron cuando vivos: "Pues si no hay ambición ni
rango ni batalla ni amor por los cuales luchar, ¿qué le queda a un difunto sino
su inocencia última y su veracidad." Esta declaración de fe narrativa es
la que justifica la novela.
Referencias
Oporto Ordoñez, Luis. Historia de la
archivística boliviana.
Rocha Monroy, Ramón. ¡Qué solos se quedan los muertos! Santa Cruz: Editorial El
País, 2006.
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| 30-nov-2007 1:02 | ||||||||
| asunto | RE: Blog Clandestino Boliviano-las gloriosas armas del Mariscal Bon Apetit | |||||||
| enviado por | hotmail.com | |||||||
Suman miles nuestros hermanos que actualmente trabajan en el exterior. Y
cada uno de ellos es una historia de vida y de lucha por la vida.
Ellos son guerreros que han decidido ir a luchar lugares lejanos, dispuestos
a enfrentar solos todo tipo de obstáculos y prejuicios, trabajan armados del
amor a sus familias y llevan en alto el nombre de nuestra patria.
Ramón yo en cierto sentido tambien soy un inmigrante, con la diferencia de
que actualmente en Santa Cruz somos muchos más los que hemos llegado, que
los que se dicen de pura cepa. Hace poco tiempo cuando todavía no asomó el
racismo , se veia stickers en los parabrisas con la simpática frase "
Conozca un camba, antes de que se extingan".
Cuando yo llegué (1980) la comida más exótica era el panchito (hot-dog) y la
bebida más sofisticada era la PESI (Pepsi Cola), ni soñar con hamburguesas o
Donuts (las trajo el Horacio Villarroel el 1983), no habia pán solo horneao
y siempre azucarao , hasta que llegó la marraqueta pero le cambiaron el
nombre y de receta por el pan francés de Crapucci, cuando llegó el pan
sarnita le cambiaron el nombre a bagaso ( pancismo ? ), y bueno eso les pasó
por llegar de uno en uno, cuando llegó la ofensiva general, todos juntos
arrasaron !! ; El General Fricasé junto a la Coronela Ranga tomaron el
bastión de las siete Calles en La Barca. El guerrillero Picante de Pollo
junto a su concubina Dña. Sopa de Maní se infiltraron y se los ve juntos
cada domingo en todos los restaurantes y pensiones de la ciudad.
Ah ! si te contara la epopeya del consul Canguro Salteña, o la odisea del
gaucho pizzero en la Cañoto, y de otros(as) valientes exponentes de la
gastronomía colla e internacional que lucharon heroicamente hasta lograr
posesionarse de manera irreversible en esta hermosa llanura.
Es verdad de que hay racismo, pero a la hora de la comida los cambitas han
sido derrotados en forma absoluta e incondicional por las gloriosas armas
del Mariscal Bon Apetit.
Volviendo a tu idea, Te felicito y te prometo seguir de cerca tus artículos
en el Blog de referencia
Un abrazo!!.
Victor Hugo.
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Queridísimos compatriotas inmigrantes:
Me llamo Ramón Rocha Monroy y me dicen Ojo de Vidrio. Soy inventor del ch’akigrama, con el que se divertían sus padres, trabajé mucho tiempo en el diario Los Tiempos y ahora soy columnista del diario OPINIÓN y de www.bolpress.com, y quiero ponerme al servicio de ustedes.
Mi propósito es abrir un espacio común para que todos cuenten sus testimonios de vida, para que relaten sus penas y alegrías, sus quejas, sus encargos a los familiares que se quedaron en Bolivia. Quiero ayudarles a escribir sus experiencias y a comunicarlas a todo el Planeta. Quiero que me encarguen visitar a sus padres, abuelos, hermanos, parientes, para tomarles fotografías, compartir con ellos y escribir noticias sobre ellos. Quiero, en fin, que ustedes sientan que aquí en
Necesito que me escriban, que me envíen sus e-mails, que me cuenten sus experiencias, con nombre y apellido, con seudónimo o anónimas, no importa. Todos somos bolivianos, aunque vivamos lejos de
Como dice Manu Chao:
Me dicen el clandestino
Por no llevar papel
Pa' una ciudad del norte
Yo me fui a trabajar
Mi vida la dejé
Entre Ceuta y Gibraltar
Soy una raya en el mar
Fantasma en la ciudad
Mi vida va prohibida
Dice la autoridad
Solo voy con mi pena
Sola va mi condena
Correr es mi destino
Por no llevar papel
Perdido en el corazón
De la grande Babilón.
¡Un fuerte abrazo!!!!
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La novela de Ramón Rocha Monroy
El muerto insomne
Hay dos clases de narradores, aquellos que
necesitan una disciplina de hierro para avanzar una página diaria, como es el
caso de Vargas Llosa, y aquellos que tienen un “duende” que hace que las
palabras fluyan de sus manos como un río, con poesía y con vigor. A esta última categoría pertenecen seres
privilegiados como García Márquez o Augusto Céspedes, y también Ramón Rocha
Monroy, que nos ha regalado hace poco una biografía novelada de Antonio José de
Sucre.
No quiero decir
que a los narradores de esta categoría les sea muy fácil escribir. Ya sabemos que el arte en general es 10% de
inspiración y 90% de transpiración. Ellos también necesitan disciplina,
concentración y esfuerzo, pero escriben como si fuera fácil porque tienen a las
palabras enamoradas de ellos y las manejan “como a su chola”, para usar una
expresión popular (y muy machista, reconozco). Cualquier tema es bueno para
estos narradores del cuño de Ramón Rocha, quien escribe sobre picantes o sobre historia
con la misma alegría, esa “alegría estética” que Sartre le atribuía al arte en
su relación con el espectador (o el lector, en este caso).
Ramón ha
publicado varias novelas antes, y aunque su capacidad y su facilidad para
escribir “de una sentada” siempre fueron evidentes, ahora se adentra en temas
que hacen de sus novelas más trascendentes en el tiempo. Lo hizo con “Potosí
1600” y a partir de allí, a la sombra del Cerro Rico, encontró la veta que dio
nacimiento a “¡Qué solos se quedan los muertos!” (aunque en la tapa del libro
el primer signo de admiración del título aparece patas arriba).
Esta es una
novela mayor, además de un aporte a nuestras percepciones sobre la historia. Se
ha dicho muchas veces que la novela describe mejor la historia que los libros
de historiadores. En este caso parece
confirmarse, porque el lector llega a través de sus páginas a amar o a odiar a los
personajes, y a vivir la historia como un testigo presencial. Que los
historiadores pongan sus precisiones y manifiesten sus acuerdos y desacuerdos…
Para mi, como lector, esta es la versión que quiero asumir. He tardado más de lo habitual en leer las 541
páginas porque he querido disfrutar cada página, y a veces volver sobre ella
golosamente.
La magia de
empezar una novela con un muerto que ya cumplió 70 años de muerto y enterrado,
y devolverlo a la vida en su máximo esplendor, envuelve al lector que se deja
seducir por los personajes. El autor, que se identifica frecuentemente como
“uno” (es decir, “uno” que es también el lector), dialoga con Sucre, lo
interroga en medio de su largo sueño.
Se mete Ramón
Rocha debajo de esa losa en la Iglesia del Carmen Bajo, en Quito, se acomoda junto a los huesos del Gran
Mariscal, para desentrañar los misterios de una vida y de una personalidad,
pero también de una historia, la nuestra, la de los países andinos y
latinoamericanos, productos de partos difíciles, de contradicciones tan
difíciles de resolver.
Hay mucha historia,
datos y documentos en la novela de Ramón, pero el vehículo son siempre los
propios personajes, no un narrador ajeno y neutro. Las voces de los más fieles
a Sucre son las que lo narran, además de él mismo, y al hacerlo nos cautivan
con todos esos detalles rescatados por el novelista, que tantas veces la
Historia con “hache” mayúscula desprecia o esconde. Y al final, son esos
“detalles” los que determinan el curso de los grandes acontecimientos. Los
celos de Santa Cruz o de Santander, la hipocresía de Gamarra y Olañeta, el
cariño de Bolívar por Sucre, la lealtad de Caicedo y Crespo…Y ese personaje difícil
de clasificar que es Manuela Rojas,
quizás una Mata Hari de la independencia que merecería una novela por sí
misma… (¿Fueron realmente los ocho hijos que parió producto de su relación con
los hombres que ella decía, o ello le convenía para otros fines?)
Como suele
suceder con las novelas sobre temas históricos, la tentación es grande de
ofrecer demasiados detalles al lector. Hay quizás demasiadas páginas sobre las
batallas, sobre la cantidad de armas, de soldados o de caballos. Cierto es, sin embargo, que todo esto
contribuye a poner en valor la visión estratégica de Bolívar y de Sucre, y su
determinación y coraje a la hora de combatir con enemigos mejor pertrechados.
Igualmente detallado,
pero apasionante, es el análisis del juego político que se desarrolla en los
entretelones de la lucha por la independencia entre Bolívar, Sucre, San Martín,
Santa Cruz, Santander y otros personajes de menor calibre. No queda bien
pintado Santa Cruz, llevándose todo el ejército peruano a Moquegua y dejando a
Sucre solo en Lima. El hábil uso de cartas y documentos para reconstruir los
diálogos entre los personajes, es una de las virtudes de la novela.
Uno de los
aspectos fascinantes de esta reconstrucción novelada, es la distancia
geográfica y el tiempo que tardaban (3 o 4 meses) los mensajeros en llevar
cartas de Bogotá a Lima, a Potosí y a otros lugares que transitaban nuestros
personajes. ¿Cómo podían tomarse decisiones políticas tan trascendentales en
esas condiciones? Un parte de batalla era conocido semanas o meses después,
mientras tanto se obraba en base a meras suposiciones.
Quizás el
análisis histórico que entre líneas hace “uno” (eco sobre todo del pensamiento
de Sucre), sea cuestionado por algunos especialistas e historiadores de gran
“H”. Sin embargo, esta es una novela y como novela, es una interpretación
legítima. Pero iré más lejos: también un
libro de historia es una interpretación de su autor. No hay libro de historia neutro, asexuado. Todos proponen interpretaciones distintas
sobre los hechos, y la verdad es que los mismos hechos son a veces
cuestionables. La historia se escribe en permanencia, nunca es definitiva, es
una suma de relatos sobre el pasado. Siempre aparecen nuevos datos y nuevas
interpretaciones que la hacen parecerse a una novela continua, infinita.
Cada capítulo de
esta novela está precedido por unos versos de Antonio “Soldado” Terán, uno de
los poetas más profundos que ha dado Cochabamba. No solamente los versos están
bien escogidos, sino que encierran en sí mismos sabios comentarios, como este:
“Que no nos coja / La coja / Desprevenidos”.
La muerte, efectivamente, es el hilo conductor de la novela; está presente en
todo momento, y se empeña en perseguir a todos los personajes, hasta
alcanzarlos. La Dama del Beso Postrero, mujer y novia, la Soberana, es el tema
de un hermoso diálogo imaginario entre Bolívar y Sucre (pág. 301).
Parece increíble,
al llegar a las últimas páginas de esta epopeya personal, que Sucre haya vivido
solamente 35 años… A esa edad la mayoría de los jóvenes de hoy están más
despistados que perros en procesión, aprendices de la vida, tratando de
orientar sus vidas y con frecuencia dependiendo todavía de sus padres. Sucre, a
los 20, a los 25, a los 30, era ya un gigante en la historia, y lo sabía, a
pesar de su enorme humildad.
No puede uno
evitar durante la lectura de la novela, relacionar hechos y personajes con las
circunstancias actuales del país y de América Latina. En el nacimiento de la
nueva República de Bolívar, más tarde Bolivia, los ciudadanos muestran un
comportamiento que no ha cambiado con el tiempo: todos se creen dignos de
muchos derechos y ninguno quiere reconocer sus obligaciones. A Sucre le angustia encontrar las arcas de
Bolivia vacías, y constatar que todos los que clamaron por la independencia
hacen todo lo posible para esconder su dinero y negarse a pagar impuestos.
Los traidores
solapados son del mismo corte hoy; abundan los demagogos, los conspiradores que
actúan en la sombra, los que circulan rumores maliciosos, los que ambicionan el
poder a cualquier precio, los que apuñalan por la espalda y esconden la cara…
Bolívar, Sucre y otros grandes hombres fueron víctimas de mediocres
maquinaciones políticas y terminaron solos y abandonados. Hoy, como ayer,
sobran Olañetas, pero faltan hombres grandes, generosos, humildes, leales y
dotados de un sentido superior de servicio a la nación.
02 feb. 07
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Este artículo publiqué en mi columna del diario OPINIÓN, de Cochabamba. También se pueden leer mis columnas en www.bolpress.com. Ahí va.BUENA LECHE
Blog Clandestino
Acabo de abrir el blog http://blogextremo.com/clandestinoboliviano,
destinado a todos los compatriotas que tuvieron que emigrar a Madrid, a Huelva,
a Murcia, a Barcelona, a Bérgamo, a Estocolmo, a Londres, a Virginia, a
Maryland, a Washington, a Los Ángeles, a Miami, a Sydney, a Buenos Aires, a Sao
Paulo… a tantos puntos del globo en busca de mejores días. Yo lo he vivido en
carne propia cuando mi hija Raquelita emigró a Madrid, donde vivió, no entiendo
cómo, ganando 300 euros al mes, aunque ahora su situación ha mejorado un tanto
en lo económico y mucho en lo personal, gracias a una familia de ciudadanos del
mundo que le brindó hospitalidad y amor. Aquí la extrañamos, la recordamos en
todo momento y queremos volver a verla, pero la realidad es muy dura y sabemos
que allá estará mejor. Este es un drama que viven muchos paisanos porque sus
hijos también se fueron y tal vez es mejor para todos que continúen allá.
Voy a reproducir aquí la carta de presentación del Blog
Clandestino, con la esperanza de que mis amigos lectores envíen este dato a sus
seres queridos que migraron y se establecieron lejos, para que me escriban y
tengamos un contacto permanente. La carta dice lo siguiente:
Me llamo Ramón Rocha Monroy y me dicen Ojo de Vidrio. Soy inventor
del ch’akigrama, con el que se divertían sus padres, trabajé mucho tiempo en el
diario Los Tiempos y ahora soy columnista del diario OPINIÓN y de www.bolpress.com, y quiero ponerme al
servicio de ustedes.
Mi propósito es abrir un espacio común para que todos cuenten sus
testimonios de vida, para que relaten sus penas y alegrías, sus quejas, sus
encargos a los familiares que se quedaron en Bolivia. Quiero ayudarles a
escribir sus experiencias y a comunicarlas a todo el Planeta. Quiero que me
encarguen visitar a sus padres, abuelos, hermanos, parientes, para tomarles
fotografías, compartir con ellos y escribir noticias sobre ellos. Quiero, en
fin, que ustedes sientan que aquí en
Necesito que me escriban, que me envíen sus e-mails, que me
cuenten sus experiencias, con nombre y apellido, con seudónimo o anónimas, no
importa. Todos somos bolivianos, aunque vivamos lejos de
Como dice Manu Chao:
De la grande Babilón.
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| ramonrochamonroy@gmail.com | ||||||||
| fecha | 29-nov-2007 16:00 | |||||||
| asunto | gracias | |||||||
| enviado por | hotmail.com | |||||||
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