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Todo depende de quiénes sean los implicados. Si se trata de tu mejor amiga y vive engañada... intenta que se entere, y si es posible, a través de él.
Inmiscuirse en las relaciones de los demás no suele ser buena idea, a no ser que se trate de abrirle los ojos a alguien que está totalmente ciego; o cuando todo el todo el mundo lo sabe menos él o ella y está siendo humillado públicamente.
¿Y tú que harías?
Cuando nos han engañado y hemos sido los últimos en enterarnos nos da rabia que nadie haya sido capaz de decírnoslo. Pero, ¿es tan fácil hacerlo? Si se trata de tu mejor amiga seguramente te creerá y podrás decírselo con tacto, pero cuando no tienes tanta confianza con alguien tu actuación puede entenderse como una intromisión e incluso como un acto de mala fe. Hay hombres y mujeres con una cornamenta pública que no parecen saber nada o no querer enterarse de lo que ocurre. ¿Es esto cierto? ¿Alguien puede estar tan enamorado como para tolerar la infidelidad? ¿Qué harías tú si alguien te dijera que tu novio te engaña?
El asunto es tan delicado y tiene tantos matices, que necesitábamos la opinión de verdaderos expertos en la materia para saber qué hacer o que les gustaría a otras personas que hicieran por ellos en esta situación. Estos especialistas son precisamente personas, hombres y mujeres que se han visto involucrados en una situación de este tipo. ¿Qué hubieras hecho tú? Hemos realizado una pequeña encuesta sobre si hay que contar o no las infidelidades ajenas.
¿Contarlo? Razones a favor y en contra
Sí
Cuando se trata de un amigo/a cercano y estás totalmente segura de lo que sabes (Libertad, 29 años)
Cuando se trata de alguien que vive totalmente engañado y todo el mundo lo sabe menos él/ella (Gema, 29 años)
Cuando tienes confianza con la persona a la que se lo vas a contar (Santi, 30 años)
Cuando alguien va a casarse o a dar un paso importante con alguien que le engaña (Juan, 31 años)
Cuando el que engaña miente o trata mal a la otra persona o la acusa de estar loca por imaginarse cosas (Laura, 27 años)
Cuando tienes confianza para hablar directamente con quien ha engañado y le puedes decir que sea él quien lo cuente (Sara, 33 años)
A mí me gustaría que me lo contasen, me moriría si fuese la típica mujer engañada públicamente (Elena, 26 años)
No
Cuando no estás seguro al 100% de lo que has visto (Luis, 34 años)
Cuando se trata de algo que te han contado y no has visto tú mismo (Julio, 34 años)
Cuando no tienes confianza con una persona o no la conoces (Patricia, 28 años)
Cuando no sabes si se trata de una infidelidad aislada (Leire, 30 años)
Cuando no estás seguro de por qué ha engañado esa persona: tal vez no es feliz, se ha enamorado de otro/a, su pareja no la trata bien, su pareja hace lo mismo… (Carlos, 29 años)
Nunca hay que meterse en la vida de los demás (Raúl, 31 años)
Para mí la infidelidad no es tan importante, a todo el mundo puede ocurrirle y si mi pareja me engaña de forma aislada preferiría no saberlo, creo que no lo superaría (Laura, 32 años)
Si mi pareja me engaña pero decide seguir conmigo, prefiero no enterarme, y menos por una tercera persona (Javier, 36 años)
Si mi novia me engañase preferiría que me lo contase ella, no enterarme por terceras personas (Óscar, 35 años)
¿Piensas que ya no está enamorado de ti? ¿Ya no hay risas ni pasión? Stop. No te dejes llevar por el pesimismo. El amor y el deseo pueden volver con más fuerza que antes. Te contamos cómo conseguirlo.
Las relaciones, igual que la energía, se transforman con el paso del tiempo, la convivencia y la rutina. ¿En qué se transforman? En respeto, amor, comprensión, compañerismo, proyectos en común… Pero la pasión, el sexo y la ilusión siguen teniendo cabida. Madurar en pareja no significa convertirse en hermanos sino en compañeros.
Si sientes que el paso del tiempo o alguna circunstancia especial han hecho demasiada mella en él, ponte manos a la obra, si hay amor y os entendéis bien como pareja, la llama se puede volver a encender.
¿Cuál es el motivo?
A los hombres les suele costar hablar sobre sus sentimientos y nosotras a veces preferimos no saber. Valor, tanto para conseguir que él te diga qué le ocurre, como para aceptar las posibles razones de su desenamoramiento. Si estás decidida a luchar por tu relación, tienes que estar dispuesta a aceptar tus errores. Tal vez el cambio deba empezar por ti misma.
Cuando hables con tu pareja sobre los motivos de su enfriamiento evita hacerle reproches, atacarle, enfadarte o huir. Si has decidido plantarle cara a la situación, coge el toro por los cuernos, debes estar preparada para aceptar las críticas de tu pareja y hacer tú misma examen de conciencia. Si quieres a alguien y vuestra relación es madura, no hay sitio para el orgullo, el ego o el egoísmo.
Una vez que conozcas las razones de vuestro distanciamiento, reflexiona sobre ellas y analiza qué parte de responsabilidad te corresponde. Pero no vayas corriendo a exigirle a él que cambie, comienza por ti…

Empieza cambiando tú
Cuando una relación no funciona es muy fácil echarle la culpa al otro; lo difícil es mirarse a uno mismo y reconocer sus errores. Querer bien a otra persona pasa por este acto de humildad y por quererse bien.
Cuando no estamos a gusto con nosotros mismos, cuando tenemos rabia, inseguridades o miedos, es muy fácil sentirse insatisfechos con la pareja, reflejar en ella nuestras propias insatisfacciones, pedirle, ponerle límites, hacerle reproches, tener celos.

En lugar de pedir, que tu máxima sea dar, hacer por el otro, pensar en sus necesidades, estar a su lado. Para poder dar, hacer feliz a otra persona y enamorarla, primero debes estar llena de cosas para no necesitar ni reclamar. Aunque lo hayas oído mil veces, es cierto: si no te quieres a ti mismo no puedes querer a otra persona.
El cambio. Debe comenzar por ti misma. Piensa en todas las cosas que te harían sentir mejor, tanto física como emocionalmente. Tal vez apuntarte a un gimnasio te ayude a sentirte más a gusto con tu cuerpo; ir a clases de teatro te ayudará a liberar tus emociones; darte un masaje relajará tu cuerpo; quedar más a menudo con tus amigas te hará no depender siempre de él para pasártelo bien; aprender a boxear te hará sentir fuerte y segura de ti misma…
Las relaciones adictivas suelen crear mucho dolor y frustración por lo que es básico conocer qué nos arrastra a buscar ese tipo de relación autodestructiva.
¿Cómo son las relaciones adictivas?
Las relaciones adictivas o dependencia emocional se refieren a un tipo de relación que daña, perjudica a la salud pero a pesar de ello la persona no puede abandonarla. Hay una incapacidad de renunciar, desprenderse, separarse cuando debe hacerse.
Rasgos de personalidad vulnerables a este tipo de relaciones adictivas
• Dificultad para expresar ideas de forma crítica.
• Falta de confianza y baja autoestima.adiccion pareja
• Sentimientos de soledad y abandono.
• Inmadurez afectiva.
• Baja tolerancia a la frustración.
• Elevada ansiedad.
• Falta de habilidad para comunicarse y establecer relaciones.
• Dificultad para tomar decisiones y resolver problemas.
Las personas con relaciones adictivas buscan a una pareja para realizarse a través de ella y compensar así sus propios vacíos. Normalmente, las personas que muestran más seguridad en sí mismas, halagadoras y seductoras atraen a las personas más dependientes que sienten que uniéndose a ellas compensaran sus propias carencias.
Errores de los dependientes emocionales
Los dependientes emocionales tienen creencias y pensamientos irracionales respecto a su relación. Debido a estas ideas reducen sus actividades sociales, laborales o recreativas por seguir en la relación.
Las consecuencias negativas de este tipo de relaciones adictivas se minimizan, ya que excusan los defectos de su pareja, creen que todavía hay amor donde no hay y persisten en numerosos intentos para recuperar el amor. Tienen siempre miedo a desagradar al otro, por eso obedecen y se conforman y tienden a declararse culpable de todo.
¿En qué puede ayudar la terapia?
Se trabaja para cambiar los pensamientos, creencias y esquemas irracionales que tiene el dependiente que le llevan a este tipo de relaciones adictivas. Otro punto importante en la terapia es el fortalecimiento de su autoestima, para poder sentirse igual al otro, con los mismos derechos y poder desarrollar sus recursos sin necesitar que sea otro el que compense sus carencias.
Son muchas las parejas que sufren los celos en su relación y muchas las que los llevan a extremos y ocasionan problemas aún más graves como maltrato, alcoholismo, etc.
Si ahondamos en las causa de los celos encontramos a menudo un patrón muy claro y repetido en los enfermos, y es una infancia caracterizada por la desaprobación, la crítica y el castigo.
"Yo soy mala persona y nadie me puede querer"
A menudo nos encontramos con personas que han tenido un padre exigente, una crítica que le hacía sentir inútil y mala persona. Estos patrones de conducta son aprendidos desde la infancia y se trasladan a la edad adulta en forma de celos.
El razonamiento es el siguiente: “yo soy mala persona porque hago las cosas mal, por lo tanto nadie me puede querer, mi padre me lo dijo de pequeño muchas veces y yo le he creído; mi pareja dice que me quiere mucho, pero me engaña, lo dice para quedar bien, está fingiendo y seguro que a quien quiere es a otro con el que se ve a menudo sin que yo lo sepa”.
Este es el diálogo que mantiene el celoso consigo mismo, con lo cual, cuanto más cariño demuestre su familia hacia él, más problemas ocasionará ya que más veces creerá que le están engañando. Es incapaz de creer en un cariño que está seguro que no merece.
Se dedicará a recriminar a su pareja la falsedad y lo rastrero que es fingiendo que le quiere. Aquí entrará en juego la agresividad ya sea verbal o física. El celoso se tiene que defender de alguien que le está tomando el pelo, que se está riendo de él.
Se mostrará agresivo cada vez que interprete que está sufriendo un ataque aunque éste no exista y sea fruto de su imaginación y de un razonamiento incoherente. Debido a que este problema se genera habitualmente en la edad infantil, los comportamientos que tiene la persona celoso serán como arrebatos infantiles o berrinches, será caprichoso, cabezota e irracional.
Cuando un celoso tiene un arrebato de furia no es lo más adecuado ponerse a su nivel, esto es lo que hacen la mayoría de las parejas, se sienten ofendidas y las están agrediendo injustamente, con lo cual se defienden de los insultos y agravios con otros insultos.
Esto no ayuda al enfermo ya que estamos demostrando que somos más fuertes que él, además de engañarle encima tenemos la cara dura de llevarle la contraria cuando él está convencido de que está en lo cierto, la furia irá en aumento y la discusión será mucho más acalorada.
Cómo actuar ante un celoso
La mejor opción es intentar calmarle, y la forma es mostrarnos inferiores a él para que se relaje e interprete que él es el fuerte y que necesitamos su ayuda, así aumentamos su autoestima momentáneamente y se sentirá útil. Pediremos perdón, diremos que está en lo cierto, así su ira se apaciguará, nos mostraremos preocupados por nuestro error y le haremos sentir que somos débiles.
Aunque esto pueda pareces sumisión, ayuda a que el celoso se calme y a que vuelva a la racionalidad, debemos de tener claro que es una estrategia y no una claudicación a sus insultos.
La base del problema del celoso es que “hay que castigar las cosas malas que se hacen”. Bajo esta idea, su mente repetirá mentalmente una y otra vez las cosas que ha hecho mal y se castigará por ellas, reforzará el razonamiento negativo y también su creencia de que nadie le puede querer.
Una de las características del enamoramiento es que creemos que, tanto nosotros como nuestro amor, permanecerá intacto hasta la eternidad. Sin embargo, nos guste o no, la propia existencia es una sucesión de cambios constantes.
Nuestra vida se ve invadida continuamente por acontecimientos que remecen los cimientos de la tranquilidad lograda. Son las crisis, mezcla de temblores con terremotos.
Nos conmueven y nos rompen esquemas, hasta que alcanzamos un nuevo equilibrio, que también será temporal. Las crisis, si no sabemos tolerarlas, pueden ser destructivas. Pero si aprendemos a crecer a través de ellas pueden enseñarnos a amar más y mejor.
Una pareja se elige mutuamente en un momento particular de sus vidas, que los distingue por tener ciertos gustos, ideas y valores, así como conflictos y anhelos propios de la etapa en que se encuentran.
En la relación se definen roles, tareas y modos de vincularse, donde cada uno se acomoda a las características del otro, potenciando algunos aspectos de sí mismo y postergando otros.
El paso del tiempo irá cambiando a los enamorados, pero no siempre en el mismo sentido. Roles que antes se desempeñaron con placer, ahora pueden ahogar.
Tareas que se delegaron con gusto en el otro, hoy quizás se quieren recuperar. Lo que primero se vivió como oportunidad, en este momento puede sentirse como un freno. Sin darnos cuenta, todo ha variado.
Con el paso del tiempo vamos cambiando de edad, de talla, de trabajo, de pensamiento, de gustos, pero sin hacer los ajustes en la forma de relacionarnos como pareja. Hasta que un buen día todo comienza a fallar y las insatisfacciones ya no pueden esconderse. Diferencias que antes no importaban, se transforman en incompatibilidades graves. Lo que antes hacía brotar lo mejor de cada uno, ahora envenena.

Los desencuentros pueden llevar al deterioro de la afectividad, a la falta de interés por lo que el otro está viviendo y a la amplificación de sus defectos. O también a sentir que cada día se tiene menos en común, que la pareja impide el propio crecimiento o que se fue quedando atrás. Lo que antes fue amor y pasión, se ha vuelto cariño y rutina. Tapar el sol con un dedo no sirve. Estamos en crisis y hay que enfrentarla.
Toda crisis, aunque parezca una amenaza, es expresión de crecimiento. De la vida que cambia y que nos cambia, y de la dificultad de irse poniendo al día el uno con el otro. Es señal clara de un desajuste que exige transformaciones. Cada relación personal que establecemos hace sacar a la luz algo de lo que somos y dejar otro tanto en las sombras. Una relación sacudida por una crisis no puede quedarse como estaba antes, porque se destruye.

Es un sismo que nos exige mirarnos y rescatar todo lo necesario para restablecer la intimidad y creatividad perdidas. Es una invitación a decirse lo no dicho, a superar el desfase que el tiempo ha provocado y a ponerse las pilas para buscar nuevos puntos de encuentro y seguir creciendo juntos. Es volver a elegirse a pesar de todo. Muchos quizás no lo logren y busquen otro camino. Sólo deben estar conscientes de que esto no les evitará nuevas crisis.
Si el tiempo exige que después de miles de kilómetros recorridos, los automóviles necesiten un ajuste de motor, ¿por qué no habríamos de esperar lo mismo en una relación amorosa?
EUGENIA WEINSTEIN
Si no fuera por nuestras propias emociones nuestro futuro seria mucho mas predecible en cuanto a seguir su curso tal como lo vemos o proyectamos en el presente. Las relaciones amorosas, y todas las relaciones personales claramente lo muestran así. Y muchos otros aspectos de nuestra vida también.
Las emociones tienen el poder para cambiar una situación presente hacia otra, diferente, desde un grado menor hasta un cambio radicalmente opuesto. El lazo afectivo de las relaciones amorosas tiene mucha potencialidad hacia los cambios extremos, que incluyen la transformación del amor en odio, del acercamiento a la distancia, de la atracción a la repulsión, de las relaciones constructivas a las relaciones destructivas.
Generalmente, mientras más nuestras emociones están bajo nuestro control, más estable y predecible es nuestro destino en la vida. Si ambos miembros de la pareja son personas que controlan bien sus emociones, su relación amorosa por lo común se adaptara en forma mutua sin efectos extremos, aunque aun influenciada por el desgaste normal de las relaciones, pero con el ambiente emocional conducente a resolver en forma realista y sana su relación, mutuamente.
Si solo uno de los miembros de la pareja puede controlar sus emociones, el futuro de la pareja en gran medida dependerá en su habilidad para confrontar constructivamente y manejar las emociones fuera de control del otro miembro de la pareja.
Si ambos miembros de la pareja tienen poco control de sus emociones, entonces el futuro de su relación queda a la merced de las circunstancias, aun de las mas insignificantes. Cualquier situación que les gatille emociones descontroladas puede poner a la pareja en situación de ruptura o de franco deterioro.

Al adquirir mas madurez la gente aprende por auto observación cuales son sus "botones" emocionales y como las circunstancias de la vida los presionan. Esto les da una mayor posibilidad de interactuar en vez de solo reaccionar respecto de las circunstancias que les tocan respecto de otras personas.
Pero, como la acumulación de asuntos emocionales sin resolver debe evitarse por los efectos que eso tiene en nuestro bienestar emocional y de salud física, la expresión de nuestras emociones debe de alguna manera hacerse a través de nuestra comunicación.
Entonces ¿cómo podemos expresar en forma constructiva nuestras emociones y a la vez lograr expresarlas en forma clara y liberatoria de su carga, especialmente cuando esa emociones son negativas y/o destructivas?

Ser constructivo al expresar nuestras emociones significa expresar nuestros estados emocionales de maneras que no causen daño a los que están interactuando con nuestras expresiones. Al decirle a la otra persona que estamos frustrados, enojados, o bajo algún otro estado emocional negativo, hace una gran diferencia respecto de si expresamos esos sentimientos solo con nuestra actitud, maneras, palabras hirientes, lenguaje corporal de rechazo, etc.
Aun una descarga emocional extrema después de decir algo así como "Estoy enojado por esta y esta otra razón" quedara posiblemente dentro de los limites que condicionan una respuesta o adaptación emocional sana de el o la interlocutora.
Por el contrario, si la persona reaccionara como si el problema no debiera ser expuesto al interlocutor y solo tuviera cabida la acción en base al problema, esto solo puede dejar las cosas peor, y aun pueden provocar la ruptura inmediata o posterior o bien el deterioro serio de la relación personal.

El aprendizaje de nuestras maneras propias de expresarnos constructivamente es parte de nuestro desarrollo espiritual. Al final, su logro se produce gracias a la integración entre nuestros niveles conscientes y subconscientes para resolver nuestra vida en nuestro mejor interés.
La integración de los niveles conscientes y subconscientes de nuestras mentes es parte de los métodos psíquicos que le entrego a mis clientes.

La magia que alimenta nuestra vida no brilla de la misma manera todos los días. Hay mañanas que nos levantamos con toda la energía puesta en positivo y otras jornadas en las cuales hubiéramos deseado nunca levantarnos de la cama.
La motivación es la clave que nos lleva hacia nuestros sueños (chat amigos), y hay que asegurarse que no se agote con las malas pasadas que nos pueda jugar la vida.
Hay que aprender a disfrutar los pequeños logros que alcanzamos cada día. Cada escalón que nos conduce a un objetivo puede entenderse como una pequeña victoria individual.
Si bien es importante alcanzar nuestras metas, también tiene un gran valor la posibilidad de mantener objetivos por lograr, ya que si los agotamos todos en un día, no tendremos nada por hacer al siguiente.
Es allí donde entra en juego la motivación y ese particular juego de correr y llegar. Es importante alcanzar la meta en la mejor colocación posible, pero no debemos olvidar lo maravilloso que es disfrutar la carrera, porque si no lo hacemos, de nada servirá la lección.
La motivación también puede entrar en los instantes que elegimos para disfrutar o descansar. Un día de playa es maravilloso hasta que deseamos volver a casa. Aunque el sol siga alto y la gente (conocer gente)se mantenga recostada en la arena, si nuestra motivación de mantenernos en ese lugar se ha agotado, debemos emprender la retirada y pensar que al otro día el sol volverá a estar en su lugar.
Esa es una de las claves de cómo saber disfrutar. Comprender que cada persona tiene su forma particular de sentir y percibir las cosas. Además, ningún día es igual a otro y, en ocasiones, lo que nos dibuja una sonrisa, otro día no nos hace sentir igual. Los estados de ánimo también influyen en la motivación y es importante prestarles atención.





